
El velero PEKING zarpó por primera vez del puerto de Hamburgo el 22 de junio de 1911 a cargo del Capitán Hinrich Nissen. La navegación del PEKING fue exitosa en las cinco travesías hacia Chile. En 1914, estuvo retenido en la Primera Guerra Mundial en Chile, donde permaneció seis años. Después de la guerra, Laeisz lo rescató de Italia, donde el PEKING tuvo que ser entregado por daños de guerra. Realizó viajes a Chile, Inglaterra, Países Bajos, Bélgica y EE.UU. En 1927, se hizo una reforma en el buque escuela a vela en la que se amplió la popa. En 1932, el PEKING fue trasladado a Inglaterra por el Capitán Jürs, donde pasó a ser propiedad de la empresa Shaftesbury Homes und Arethusa Training Ship & Co.

Menck & Hambrock fue una empresa de ingeniería tradicional hamburguesa (fundada en 1868, convocatoria de acreedores en 1978), que también comercializó su característica excavadora bagger en Chile. Allí, se utilizó, entre otros, para extraer salitre.
El caliche es una costra mineral dura que se forma en el desierto de Atacama en Chile. Esta roca contiene nitrato de sodio y constituye la materia prima para el conocido «Salitre Chile».
En 1932, el PEKING de la empresa inglesa Shaftesbury Homes and Arethusa Training Ship Co. fue comprado por 6.250 libras. Su nombre fue cambiado por el de ARETHUSA y el buque fue convertido en buque escuela. En el río Medway, amarrado en el muelle, unos 300 jóvenes a bordo participaron en una instrucción, donde permanecieron 4 años. Con la reforma el buque cambió: franja blanca, nuevos ojos de buey, lastre de hormigón, instalación de un gimnasio y cubiertas adicionales. En la Segunda Guerra Mundial fue solicitado por la Royal Navy. Una vez finalizada la guerra, retornó como ARETHUSA y funcionó hasta 1974 como buque escuela. Posteriormente, el South Street Seaport Museum de Nueva York compró el ARETHUSA por 70.000 libras y lo conservó hasta su caducidad.



La comida de a bordo era de platos sencillos; a menudo servían sopas y guisos. Aun así, las comidas eran interrupciones bienvenidas en la dura rutina escolar.
Los alumnos a bordo estaban uniformados: con una chaqueta y pantalones de lana azul oscuro y una gorra con la inscripción ARETHUSA.
En el año 1974, el South Seaport Museum de Nueva York compró el ARETHUSA POR 70.000 libras esterlinas. Fue remolcado en 17 días por el Océano Atlántico desde Londres hasta Nueva York. Allí recuperó su nombre original PEKING. En Nueva York, se tomaron las primeras medidas de desmantelamiento y reconstrucción, entre otras, pintar el casco nuevamente con sus colores originales de la Naviera F. Laeisz. Las vergas debían ser reconstruidas con postes de luz. A causa de las catástrofes del atentado del 9/11 y del huracán Sandy en 2012, el museo ya estaba en condiciones de garantizar más el mantenimiento del PEKING. En 2015, gracias a la ayuda financiera de la República Federal de Alemania el buque fue adquirido por el Museo Alemán del Puerto de Hamburgo para su reconstrucción.


El PEKING se encontraba en el South Street Seaport Museum de la ciudad de Manhattan, a pocos kilómetros al sur del World Trade Center. Además, el atentado 9/11 dificultó al South Street Seaport Museum conseguir los recursos necesarios para el mantenimiento y la reparación a bordo.

El PEKING se puede ver en varias películas como escenario. Además de la película de Woody Allen «Vicky Cristina Barcelona» (2008) también aparece en El secreto de mi éxito (1987), Armas de mujer» (1988), Mi pobre angelito 2: Perdido en Nueva York, Blue Jasmine (2013), entre otras.
A partir del 2015, el astillero Peters de Wewelsfleth llevó a cabo una restauración que duró tres años por 38 millones de euros. En esa oportunidad, el barco fue reconstruido como buque de carga del año 1927, teniendo en cuenta los requisitos actuales para garantizar el acceso al barco y las normas de seguridad necesarias para su funcionamiento como museo.
El casco se mantuvo bien conservado, las cubiertas fueron renovadas completamente y se quitaron los ojos de buey de la época de buque como internado. La reconstrucción de las jarcias fue todo un desafío. Fueron renovados el bauprés y 16 vergas. El 7 de septiembre de 2020, el barco regresó a Hamburgo y desde entonces se encuentra amarrado en el muelle Hansa del Museo Alemán del Puerto.


Para la reconstrucción del PEKING como buque de carga a vela, se quitaron 86 ojos de buey del entrepuente. Estos habían sido colocados en Inglaterra para que la luz del día entrara en las áreas de estar y de descanso de los alumnos.
En lo sucesivo, el PEKING quedará en el barrio Kleiner Grasbrook mientras se renueve el Museo Alemán del Puerto. Allí, justo a orillas del Elba, se creará la segunda sede del museo. Como exponente principal de la muestra, aborda las interrelaciones globales y es un ejemplo del comercio del salitre entre Alemania y Chile. Además, propone perspectivas sobre temas fundamentales como las cadenas internacionales de suministro, el tráfico marítimo global, la infraestructura portuaria y las condiciones de trabajo. También, pone sobre el tapete los procesos de la transferencia de conocimiento y del intercambio mundial, como la introducción de nuevas plantas y animales o la propagación de enfermedades a causa de la movilidad marítima. Así, el PEKING se convierte en un lugar vital de reflexión histórica y debates actuales.


Desde 1967 hasta 2016, el Centro Marítimo Internacional de Hamburgo fue en un solo puerto el centro de distribución de carga suelta más grande de todo el mundo. Con la llegada de los contenedores, se tornó innecesario y finalmente fue cerrado en 2016.

El nuevo barrio Kleiner Grasbrook será un barrio sustentable a la orilla sur del Norte del Elba con 6.000 viviendas y 16.000 puestos de trabajo, además de un Museo Alemán del Puerto.
La navegación de los buques de carga a vela experimenta actualmente un auge fascinante, no tanto como una retrospectiva nostálgica, sino como respuesta a la grave crisis climática. A través de las tecnologías modernas y los conceptos creativos, la fuerza eólica resulta nuevamente atractiva para el tráfico global de mercancías. Según la International Wind Ship Association -Asociación Internacional de Buques a Vela-, ya hay más de 130 buques a vela para planificar o construir (2025). En los próximos cinco años, hasta el 15 % de la flota global podría estar equipada con sistemas eólicos. Un proyecto modelo de Alemania es el velero de carga «Rasant». El barco estará equipado con un motor principal automatizado y de gran rendimiento que funcionará con el viento, complementado con un motor adicional propulsado por combustibles renovables sobre la base del hidrógeno.


El buque de carga Oceanbird se vale del viento como propulsión principal gracias a cinco enormes velas rígidas en forma de alas (altura: 80 m). De esta manera, se genera hasta un 90 % menos de emisiones de CO2 con respecto a los buques de carga con motores diésel.

Los rotores Flettner utilizan un nuevo diseño para los buques a vela. Con estos cilindros verticales giratorios, gracias al viento, se puede generar una propulsión adicional. Por ejemplo, el buque de carga E-Ship 1 de Enercon navega con cuatro de esos rotores.